¿Retirarse… o reinventarse?
Cuando el “prime” ya no tiene edad
Hace un par de años escribí un “strike” que tuvo buenos ratings: “Es Difícil Decir Adiós.”
Hablaba de Roger Federer, Tom Brady, Serena Williams, LeBron James… y de lo complicado que es saber cuándo retirarse.
Pero estas Olimpiadas de Invierno trajeron otra conversación: no la del retiro, si no la de longevidad, el nuevo “prime”.
En estas semanas vimos algo inusual:
Claudia Riegler compitiendo en Slalom con su snowboard a los 52 años.
Nick Baumgartner aún en Snowboard Cross a los 44.
Elana Meyers Taylor ganando oro a los 41 en Bobsleigh y siendo mamá.
Rich Ruohonen lanzando en Curling a los 54.
Lindsey Vonn en esquí regresando después del retiro… aún con cirugía reciente.
Estos atletas no están compitiendo contra jóvenes. Están compitiendo contra el tiempo.
Y el tiempo es implacable…en empresas y organizaciones pasa igual.
Llega un punto donde ya no eres el más rápido ni el más disruptivo ni la promesa. Y ahí empiezan las preguntas incómodas:
¿Me quedo? ¿Me voy?¿Estoy sumando… o estorbando?
Hay quien se queda por ego, otro quien se va por miedo. Pero hay un grupo — el más difícil — el que entiende que el “prime” no es velocidad si no profundidad, perspectiva, resiliencia, cicatrices, “rodaje”. El “prime” cambia de forma.
No se trata de retirarse pronto ni de quedarse demasiado. Se trata de evolucionar antes de que el entorno te obligue. Porque lo peligroso no es cumplir 40, 50, 60 o una etapa… es dejarte de reinventarte. ¡Aguas!
Mi papá me enseñó la etapa de “Edad Dorada”. Decía algo que al principio sonaba fuerte, pero con el tiempo entendí:
“Hay personas que mueren a los 60… y las enterramos a los 80. Hay que morir viviendo. Y hay que vivir muriendo.”
Dios nos hizo para crear valor. Se vale bajar la intensidad, cambiar el ritmo, dejar el protagonismo. Pero no se vale dejar de aportar ni dejar de evolucionar. El “prime” no es una edad, es la decisión diaria de seguir creando valor.

